Cuando estar ocupada se convierte en una forma de huir
No siempre estamos ocupadas porque tengamos demasiadas cosas que hacer, a veces lo estamos porque parar implicaría escuchar el cansancio que no se nombra, la insatisfacción es suave pero persiste y, las preguntas que llevamos tiempo evitando.
Mantenerse ocupada puede convertirse, sin darnos cuenta, en una forma silenciosa de huir de una misma, muchas mujeres viven con la agenda llena y el corazón en pausa. Van de una tarea a otra, de una responsabilidad a la siguiente, con la sensación constante de que “cuando pase esto” podrán descansar, pensar o sentirse mejor. Pero ese momento nunca llega, no porque falte tiempo, sino porque el ruido protege.
El hacer constante evita sentir, evita reconocer que algo no encaja, asó como mirar de frente lo que pide cambio, sabes que la ocupación excesiva no siempre es productividad, a veces es anestesia y muchas veces no tiene que ver con ser desorganizada o con no saber gestionar el tiempo, tiene que ver con el miedo al silencio, con lo que podría aparecer si nos detuviéramos sin distracciones.
Cuando una mujer se permite parar, aunque sea un poco, empiezan a emerger señales internas: cansancio real, deseos postergados, emociones que no han tenido espacio. No es cómodo, pero es honesto.
No se trata de hacer menos por obligación, se trata de hacer desde un lugar más consciente, ya que el descanso verdadero no llega cuando todo está hecho, lega cuando dejamos de huir y cuando el silencio deja de asustar, la ocupación deja de ser refugio.
Preguntas para tu viaje interior:
-
¿Qué aparece en ti cuando no tienes nada que hacer?
-
¿Qué emoción sueles tapar manteniéndote ocupada?
-
¿Qué necesitaría tu vida si te permitieras más silencio?
¿ Y no se trate de llenar el tiempo, sino de habitarlo?
|
ResponderReenviar |
